Nuevos servicios telecom podrán probarse y cobrarse hasta por 4 años en México
La CRT prepara sandboxes regulatorios que permitirán probar y cobrar nuevos servicios de telecomunicaciones durante periodos de hasta cuatro años bajo condiciones especiales de operación.
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Publicado •agosto 25, 2026
Una empresa podría probar una innovación de telecomunicaciones, ofrecerla a usuarios, cobrar por el servicio y operar hasta por cuatro años bajo determinadas condiciones regulatorias distintas de las aplicables ordinariamente al mercado.
Ese escenario forma parte del proyecto con el que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) busca establecer los llamados entornos de prueba y experimentación controlados, conocidos como sandboxes regulatorios.
La propuesta, actualmente sometida a consulta pública, permitirá experimentar con tecnologías, productos, servicios, aplicaciones, casos de uso y modelos de negocio cuando exista incertidumbre, insuficiencia o ausencia de regulación específica para desarrollarlos.
Pero el alcance del mecanismo va más allá de realizar pruebas tecnológicas: Los proyectos podrán interactuar comercialmente con usuarios mientras dura el experimento.
Cobrar mientras se experimenta
El proyecto establece expresamente que una autorización podrá permitir “la oferta, contratación, prestación, comercialización y cobro” del proyecto de innovación durante su vigencia.
La autorización inicial podrá extenderse hasta dos años y recibir una única prórroga por un periodo equivalente, por lo que determinadas pruebas podrían permanecer activas hasta cuatro años.
Durante ese tiempo, la CRT podrá establecer unas Condiciones Especiales de Operación para cada proyecto y “modular, aplazar o sustituir temporalmente” determinadas obligaciones regulatorias cuando sea necesario para desarrollar la experimentación.
Los lineamientos establecen además que esas condiciones especiales prevalecerán durante la prueba sobre las disposiciones regulatorias emitidas por la propia Comisión Reguladora de Telecomunicaciones que resulten incompatibles con ellas.
La combinación de estos elementos significa que un proyecto podría evaluar simultáneamente su viabilidad tecnológica y comercial frente a usuarios reales mientras opera bajo un régimen diseñado específicamente para el experimento.
La competencia pone un límite
La posibilidad de comercializar servicios bajo condiciones diferenciadas obligará a la CRT a equilibrar la flexibilidad necesaria para innovar con las condiciones de competencia frente a empresas que operan bajo el régimen regulatorio ordinario.
El propio proyecto establece candados. Por ejemplo:
Las condiciones especiales no podrán exceptuar obligaciones derivadas de la Constitución, leyes o tratados internacionales ni aquellas relacionadas con competencia económica, protección de datos personales, ciberseguridad, salud y seguridad, derechos de usuarios y audiencias, integridad y continuidad de las redes o prevención de interferencias perjudiciales.
La CRT evaluará individualmente cada proyecto y los interesados deberán demostrar que existe una barrera, incertidumbre o vacío regulatorio que impide desarrollar plenamente la innovación bajo las reglas vigentes.
Entre los criterios estarán el grado de innovación, la eficiencia espectral cuando corresponda, el beneficio potencial para usuarios, audiencias y mercados y la necesidad de utilizar el entorno experimental.
De experimento a regulación
Los sandboxes podrán utilizarse para experimentar con tecnologías y modelos relacionados con Open RAN, Internet de las cosas (IoT), servicios satelitales, esquemas de compartición de espectro o soluciones de conectividad para comunidades rurales y zonas insuficientemente atendidas, entre otros casos.
Los proyectos que necesiten frecuencias también podrán solicitar espectro temporal, aunque deberán cubrir las contraprestaciones y derechos correspondientes.
Una autorización experimental tampoco garantizará la permanencia posterior del servicio en el mercado ni generará automáticamente el derecho a obtener una concesión o autorización definitiva.
Cuando termine el sandbox, un proyecto que pretenda continuar operando deberá incorporarse al régimen regulatorio ordinario.
La CRT plantea además utilizar los resultados como mecanismo de “aprendizaje regulatorio”, de manera que la información obtenida pueda derivar en modificaciones, adiciones o derogaciones de disposiciones existentes, así como en la creación de nuevas reglas.
Los sandboxes funcionarán así como un laboratorio doble: Las empresas podrán probar tecnologías y modelos de negocio frente al mercado, mientras la CRT podrá probar si su propia regulación continúa siendo adecuada frente a la innovación.
El desafío estará en que la flexibilidad sea suficiente para permitir la experimentación sin convertirse, durante periodos que pueden alcanzar cuatro años, en una diferencia competitiva injustificada frente a quienes operan bajo las reglas generales del sector.
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