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América Latina pierde 17% de su electricidad mientras apuesta por la educación digital

América Latina electrificó buena parte de sus escuelas, pero las interrupciones y pérdidas de energía amenazan el siguiente salto de la educación digital: Internet, dispositivos e inteligencia artificial.


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    octubre 3, 2026
La electrificación de una escuela no garantiza por sí sola la educación digital: Internet, computadoras y nuevas herramientas de inteligencia artificial también dependen de la continuidad del suministro eléctrico. Foto: Pexels.
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América Latina ha avanzado en conectar sus escuelas a la electricidad, pero el siguiente desafío para la educación digital no está sólo en llevar un cable hasta el plantel.

Ello está en garantizar que la energía permanezca disponible cuando los alumnos necesitan utilizar computadoras, Internet o herramientas de inteligencia artificial.

José F. Otero, especialista en telecomunicaciones y política pública digital, publicó un análisis en el que plantea que las estadísticas de electrificación pueden ocultar una segunda brecha. Una escuela puede aparecer como conectada a la red y, al mismo tiempo, enfrentar interrupciones que impidan utilizar los equipos y servicios digitales.

En un análisis sobre electricidad, educación e inteligencia artificial, José F. Otero cita una estimación de la UNESCO según la cual 87% de las escuelas de América Latina contaba con electricidad en 2019. Sin embargo, sostiene que la pregunta relevante ya no es únicamente cuántos planteles tienen conexión, sino cuántas horas al año funciona realmente el suministro.

El problema rebasa al sector educativo. Otero recoge estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) según las cuales América Latina pierde alrededor de 17% de la electricidad que genera, con un costo anual de entre 9,600 y 16,600 millones de dólares.

Electricidad: contar horas, no sólo conexiones

Para mostrar la diferencia entre cobertura y confiabilidad, José Otero recurre al System Average Interruption Duration Index (SAIDI), indicador utilizado para medir el tiempo promedio de interrupción del servicio eléctrico por usuario durante un año.

Los datos citados por el especialista muestran diferencias importantes dentro de la región: Desde 2.2 horas en Argentina hasta 41.9 horas en Panamá, con niveles todavía mayores reportados en República Dominicana y Bolivia.

La consecuencia para una escuela es directa. Una interrupción eléctrica no sólo apaga computadoras. También puede dejar fuera de servicio la conexión a Internet, la iluminación, bombas de agua, equipos de laboratorio, sistemas administrativos y otros servicios que dependen de la energía.

José Otero resume el problema en un cambio de métrica y es que las políticas públicas deberían dejar de medir únicamente si existe una conexión eléctrica y comenzar a observar durante cuánto tiempo permanece disponible.

La IA eleva la exigencia energética

La expansión de la inteligencia artificial educativa agrega otra capa al problema. Tutorías adaptativas, traducción, evaluación automatizada y contenidos personalizados requieren dispositivos, redes y, en muchos casos, servidores que dependen de electricidad y conectividad.

Por ello, Otero plantea que las políticas de educación, energía y transformación digital deberían tratarse como una misma agenda.

Entre las alternativas menciona sistemas solares con almacenamiento, equipos adecuados a su entorno, contenidos precargados y herramientas capaces de continuar funcionando cuando la red eléctrica o Internet presentan interrupciones.

El especialista también advierte que el precio de compra de los dispositivos puede ofrecer una lectura incompleta de su costo.

En su análisis calcula que, durante seis años, un equipo básico de 300 dólares dependiente de la nube podría alcanzar un costo total de 1,680 dólares, mientras un dispositivo de 1,000 dólares con mayor capacidad local podría representar 1,300 dólares en el mismo periodo, antes de considerar tarifas de servicios en la nube.

La comparación forma parte del argumento de Otero sobre costo total de propiedad: Mantenimiento, reparaciones, sustituciones, baterías, conectividad, software y energía pueden modificar la aparente ventaja de adquirir equipos más baratos.

Para el especialista, la nueva brecha de la educación digital no se resolverá únicamente contabilizando escuelas electrificadas, computadoras entregadas o conexiones instaladas, porque la continuidad del suministro determinará cuánto de esa infraestructura puede utilizarse realmente.

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