México mira a más satélites frente a una órbita con casi 15,000 equipos y 45,860 objetos de basura espacial
México proyecta nueva infraestructura satelital mientras crecen la congestión y los desechos orbitales; su programa espacial reconoce el problema, pero todavía no establece métricas específicas para mitigarlo.
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Publicado •septiembre 24, 2026
La infraestructura espacial se aproxima a 15,000 satélites operativos, mientras la órbita terrestre acumula 45,860 objetos de basura que pueden ser rastreados regularmente y más de 140 millones de fragmentos demasiado pequeños para seguirlos.
Las cifras forman parte de The Space Economy at a Glance 2026, un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que advierte sobre la congestión, las colisiones y la sostenibilidad de las órbitas más utilizadas.
Al cierre del año 2025 había más de 14,000 satélites activos en órbitas bajas, medias y geoestacionarias.
El número se acercó a 15,000 a mediados de 2026, después de que las constelaciones comerciales duplicaron la población orbital entre 2020 y 2022.
Durante 2025 se efectuaron 329 lanzamientos que transportaron alrededor de 4,900 objetos.
Las telecomunicaciones representaron 82% de los satélites colocados en el espacio y los operadores privados concentraron 88% del total.
Los expedientes presentados ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y los anuncios de nuevas constelaciones contemplan más de dos millones de posibles satélites durante la próxima década.
La OCDE aclara que solamente una fracción llegará a desplegarse, pero considera que la escala de los proyectos anticipa más competencia por espectro, capacidad de lanzamiento y espacio orbital.
La basura espacial puede multiplicarse sola
Los satélites fuera de servicio, etapas de cohetes y fragmentos generados por explosiones o colisiones permanecen en órbita durante distintos periodos.
Ello significa un reto, porque a velocidades orbitales, incluso una pieza pequeña puede inutilizar un equipo operativo o producir nuevos residuos, indicó la OCDE.
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Las colisiones también generarían nuevos fragmentos, aunque disminuyera el número de lanzamientos. Este fenómeno comprometería el acceso seguro a determinadas órbitas.
Y la congestión también produce efectos fuera de la seguridad operacional.
Las grandes constelaciones igualmente ya interfieren con observaciones astronómicas, modifican los cielos oscuros y silenciosos y aumentan las reentradas de materiales en la atmósfera superior, cuyos efectos de largo plazo todavía no han sido medidos con precisión.
México quiere crecer en una órbita congestionada
México reconoce la congestión orbital y la sostenibilidad del entorno espacial dentro del Programa Espacial Mexicano 2026-2030. El país proyecta un nuevo satélite de telecomunicaciones y una constelación de equipos pequeños para observación de la Tierra.
Sin embargo, el programa no publica indicadores específicos sobre mitigación de desechos, maniobras para evitar colisiones, retiro de equipos al final de su vida útil o intercambio de información para administrar el tránsito espacial.
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La política satelital de 2023 había establecido como prioridades preservar los recursos orbitales mexicanos, asegurar la compatibilidad de constelaciones de órbita baja y actualizar el marco legal.
El Programa de 2026 amplía la ambición industrial y de conectividad, pero deja pendiente convertir la sostenibilidad orbital en obligaciones y métricas verificables.
La OCDE sostiene que los gobiernos necesitarán coordinar el tránsito espacial, mejorar la gestión de desechos y exigir comportamientos responsables a los operadores.
El valor de una órbita no depende solamente de cuántos satélites recibe, sino de que continúe siendo utilizable durante las siguientes décadas.
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