Oi llega al final: la telefónica que quiso ser el gigante de Brasil termina en quiebra
La Justicia brasileña confirmó la quiebra de Oi tras casi una década de reestructuraciones, venta de activos y dos recuperaciones judiciales. La telefónica acumula más de 44,000 millones de reales en deuda.
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Publicado •agosto 25, 2026
Oi alguna vez tuvo decenas de millones de clientes, redes que atravesaban Brasil y activos suficientes para despertar el interés de algunos de los mayores grupos de telecomunicaciones del mundo.
América Móvil, China Telecom y otros inversionistas llegaron a mirar hacia una compañía que, pese a sus problemas financieros, conservaba una escala difícil de ignorar en cualquier parte del mundo.
Casi una década después de iniciar una batalla por sobrevivir a sus deudas, aquella Oi prácticamente ya no existe:
Oi vendió su negocio móvil, transfirió su operación de fibra óptica, se desprendió de activos y atravesó dos procesos de recuperación judicial.
Ahora, la justicia brasileña determinó que tampoco esa transformación fue suficiente.
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La Primera Sala de Derecho Privado del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro confirmó el martes 25 de agosto la quiebra de Oi y de las subsidiarias incluidas en el proceso, al rechazar por unanimidad los recursos presentados por Itaú Unibanco y Bradesco.
La resolución devuelve efectos a la sentencia del Séptimo Juzgado Mercantil de Río de Janeiro que había convertido, en noviembre de 2025, la recuperación judicial de la compañía en un procedimiento de quiebra.
Los recursos de los bancos habían mantenido suspendida temporalmente aquella determinación.
De gigante de las telecomunicaciones de Brasil a vender sus piezas
La dimensión de la caída se entiende mejor mirando hacia atrás:
Hace menos de una década, Oi era todavía el cuarto operador móvil de Brasil y contaba con cerca de 40 millones de usuarios celulares.
También poseía millones de conexiones de banda ancha, líneas fijas y una extensa infraestructura distribuida por buena parte del territorio brasileño.
Su escala hizo que en distintos momentos despertara el interés de grupos internacionales.
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América Móvil llegó a evaluar posibilidades alrededor de la compañía, mientras inversionistas rusos y empresas chinas también aparecieron entre los potenciales interesados en sus activos o en combinaciones empresariales.
Pero debajo de aquella infraestructura crecía un problema que terminaría por imponerse sobre todo lo demás: La deuda.
Oi inició su primera recuperación judicial en 2016. El proceso concluyó en 2022, después de años de reestructuración, negociación con acreedores y venta de activos.
Unos meses después, en 2023, la empresa tuvo que volver a buscar protección judicial.
En ese camino también comenzó a desaparecer la Oi que conocían millones de consumidores.
Su negocio de telefonía móvil terminó en manos de Claro, TIM y Vivo, mientras que su operación de fibra óptica fue transferida.
La compañía dejó así los mercados de telefonía móvil y banda ancha en los que alguna vez había competido entre los grandes operadores brasileños.
44,000 millones de reales y 164,000 acreedores
La segunda recuperación tampoco logró devolver estabilidad financiera a la compañía.
Oi llega a la quiebra con más de 44,000 millones de reales en deuda, alrededor de 164,000 acreedores y un patrimonio neto negativo de 22,600 millones de reales.
La crisis de liquidez se profundizó mientras la empresa encontraba dificultades para convertir sus activos restantes en efectivo y conseguir los recursos necesarios para sostener sus operaciones.
La compañía había advertido incluso a la justicia que no tendría liquidez suficiente para cubrir gastos esenciales hacia finales de agosto.
El deterioro colocó a Oi en una paradoja: Cada venta permitía obtener recursos y reducir obligaciones, pero también hacía más pequeña a la empresa que debía generar ingresos suficientes para seguir funcionando.
La telefónica que alguna vez fue observada por algunos de los mayores operadores del planeta terminó buscando liquidez en las últimas piezas de aquello que había construido.
La quiebra no puede apagar las redes de inmediato
Pero declarar quebrada a una compañía de telecomunicaciones tiene una complejidad adicional: algunos de sus servicios no pueden simplemente desconectarse.
La Agencia Nacional de Telecomunicaciones de Brasil (Anatel) mantiene bajo supervisión la continuidad de los servicios todavía vinculados con Oi.
Tras la decisión judicial, el regulador señaló que su prioridad será preservar los servicios de telecomunicaciones durante la transición, con especial atención a obligaciones de telefonía, códigos de emergencia y servicios públicos e interconexiones entre redes.
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Por ello, la quiebra no significa que Oi pueda apagar sus operaciones de un día para otro.
El proceso deberá conciliar la liquidación de activos y las obligaciones con sus acreedores con la continuidad de los servicios que todavía dependen de la compañía.
Oi fue durante años uno de los grandes operadores integrados de América Latina.
En ese tiempo, tuvo clientes, espectro, telefonía fija, banda ancha, infraestructura y una presencia territorial que convirtió sus activos en objeto de interés para competidores e inversionistas.
Pero tuvo también una deuda que nunca consiguió dejar definitivamente atrás.
Después de casi una década de recuperaciones judiciales, reestructuraciones y ventas, Brasil deberá administrar algo más complejo que la quiebra de una empresa:
Mantener funcionando los servicios que todavía necesita mientras termina de desmontar a la compañía que alguna vez quiso convertirse en su gigante nacional de telecomunicaciones.
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