20:18 hrs • octubre 6, 2026
Síguenos
MENÚ

Juan Gabriel eterno: cada segundo suena en mi corazón

A diez años de su muerte, Juan Gabriel sigue viajando por frecuencias, fibra óptica, redes móviles y algoritmos. La tecnología cambió nuestra forma de escucharlo; su música hizo el resto.

Periodista Especializado

  • Lectura  • 
    8 minutos de lectura
  • Publicado  • 
    agosto 28, 2026
Composición Editorial NITRO.
00:00 / 00:00
Lectura
Resumir con:

Juan Gabriel es un ángel y es mi ejemplo. Es mi señal en el espectro y su música me acompaña mientras escribo esta columna para él.

“Te lo pido por favor” sonaba la última vez que vi a Ricardo y ahora te pido, también por favor, que sigas leyendo, para que entiendas por qué, de entre millones de reproducciones, frecuencias, redes y algoritmos, Juan Gabriel suena cada segundo en mi corazón.

La esencia de Juan Gabriel viaja por fibra óptica y por redes móviles; se resguarda en centros de datos y los algoritmos ayudan a encontrarla.

Llega a mi teléfono de Ciudad Juárez, a mi computadora en Michoacán, a una bocina inteligente de São Paulo y Azcapotzalco, o a los audífonos de alguien que quizá ni siquiera había nacido cuando Alberto Aguilera Valadez murió aquel domingo 28 de agosto de 2016.

Diez años después, Juan Gabriel sigue sonando y conectando.

Spotify y YouTube Music registran alrededor de 15 millones de oyentes mensuales de su música.

En YouTube, Hasta que te conocí supera los 811 millones de reproducciones, mientras que Así fue, en su interpretación desde Bellas Artes, rebasa los 1,050 millones.

El conjunto de videos contabilizado para Juan Gabriel por Kworb supera 8,454 millones de visualizaciones, hoy.

Son cifras extraordinarias, pero también insuficientes.

Porque las plataformas pueden contar cuántas veces presionamos play y durante cuánto tiempo escuchamos una canción e incluso, cuál queremos oír después.

Lo que todavía no puede medir ningún algoritmo es por qué, diez años después de su muerte, seguimos buscándolo a él.

Y quizá, quién sabe, allí comienza la verdadera historia tecnológica de Juan Gabriel.

De una frecuencia al mundo

Juan Gabriel nació artísticamente en un México conectado de una manera muy distinta.

Eran los 50s y los 70s con la radio y la televisión abierta como las grandes redes de distribución de contenidos.

Entonces, una antena, una frecuencia y un transmisor podían reunir a millones de personas alrededor de una misma voz.

Después llegaron el LP, el casete, el disco compacto, la televisión de paga y también nuevas formas de almacenar, transportar y consumir música.

Por eso es que mamá lo oyó primero en Toluca, y yo lo escuché después en mi amada Radio Consentida 1560 por primera vez.

Había que estar ahí, en La Consentida, a las seis de la mañana, porque a la siete Juanga sonaba en la miscelánea de don Toño mientras yo barría la banqueta de Crucita.

Y es que sí, en los 90s la radio tenía horarios. Las canciones aparecían y desaparecían.

Uno esperaba a que el locutor complaciera una petición o que aquella melodía volviera a sonar. Escuchar también significaba esperar.

Hoy basta con tocar una pantalla y él está allí, porque Juan Gabriel sobrevivió a todas esas transformaciones.

Juan Gabriel pasó de viajar mediante ondas electromagnéticas a convertirse en paquetes de datos; de la antena de radio al teléfono móvil; del tocadiscos al streaming; del horario impuesto por una estación, a la disponibilidad 24/7 de Internet.

Internet lo cambió todo:

  • Cambió la infraestructura.
  • Cambió la manera de distribuir música.
  • Cambió incluso nuestra forma de encontrarla.

Pero Internet no cambió aquello que buscábamos en ella: Juan Gabriel. Internet lo eternizó.

El algoritmo conoció a Juan Gabriel

Hay una ironía maravillosa en esta historia:

Las telecomunicaciones hicieron posible que Juan Gabriel llegara a millones de personas durante el siglo XX.

Y ahora son las redes digitales las que permiten que siga encontrando nuevos oyentes en el XXI, porque mi Bombita me hace compañía cuando cantamos a Juan Gabriel en la sala o en la cocina.

Antes, un programador de radio decidía qué canción salía al aire.

Hoy también intervienen algoritmos capaces de relacionar nuestros hábitos de escucha con millones de datos y sugerirnos una canción grabada por Juan Gabriel décadas atrás.

Así puede ocurrir algo extraordinario:

Alguien nacido después de 2016 escucha por primera vez Amor eterno, Querida, Hasta que te conocí o Así fue porque una plataforma decidió colocarla frente a él.

La tecnología habrá hecho la presentación. Después, Juan Gabriel tendrá que hacer el resto. Muy fácil para él.

Porque podemos construir redes cada vez más rápidas, reducir la latencia, desplegar fibra óptica, multiplicar la capacidad de los centros de datos y desarrollar sistemas de inteligencia artificial capaces de anticipar nuestros gustos.

Pero hay algo que ninguna red puede fabricar: Una canción capaz de sobrevivir a su propia época.

La red más difícil de explicar

Tal vez por eso mirar a Juan Gabriel desde las telecomunicaciones conduce inevitablemente hacia algo que está más allá de ellas.

Una red conecta puntos.

Juan Gabriel conectó personas. Y ahora nos está conectando a ti y a mí.

Lo hizo cuando la familia Lucas-Bartolo escuchaba la misma canción alrededor de una radio en La Raza. Lo hizo cuando millones miraban su concierto por televisión.

Lo hizo cuando un migrante mexicano al otro lado de la frontera escuchaba una canción que le recordaba su casa.

Y lo hace ahora cuando Mailo me comparte un enlace, publica un video o me envía por WhatsApp aquella canción que no sabe cómo explicar con sus propias palabras.

La tecnología amplificó esa conexión, pero no la creó.

Porque Juan Gabriel hizo algo bastante más difícil que llenar Bellas Artes: Consiguió instalar sus canciones en la memoria de millones de personas.

Por eso su esencia y su catálogo ya no pertenecen sólo a la industria musical. También forma parte de ese gigantesco archivo emocional que ahora transporta Internet.

Y mientras exista una red capaz de llevar su voz hasta otra persona, Alberto seguirá viajando.

Aunque, probablemente, él habría utilizado una palabra mucho más sencilla para explicar todo esto:

Amor.

Y entonces, los datos dejan de importar

Llegados hasta aquí podría seguir hablando de reproducciones, usuarios, plataformas, algoritmos, redes y millones de visualizaciones.

Pero no quiero.

Porque yo tampoco escucho a Juan Gabriel como una estadística.

Y es que después de diez años, hay cosas que este periodista todavía necesita decirle a Juan Gabriel:

Hoy me he despertado con mucha tristeza, pues ya hace un año que tú me dijiste adiós pero que volverías.

Yo entonces muy triste me quedé; sabía que sufriría y aunque ya lo sé, qué tú te vas, debes saber, vida mía, que tu ausencia, aunque me duele, yo te sigo esperando hoy y siempre, porque me nace del corazón decirte, que, si quieres, me estoy contigo toda la vida, hasta que muera.

Yo no sé qué voy hacer en adelante, siempre estoy pensando en ti.

No creas mi vida que es mentira lo que te digo, pues con todo y mi tristeza, pasa que se me olvidó otra vez entender que ya no estás para escuchar tu querida voz; ya hace un año que tú estás siempre en mi mente más que nunca, pero quisiera que estuvieras aquí para decirte en persona abrázame muy fuerte; es verdad, créemelo, todo te voy a entregar. ¡Bésame!

Caray, no quiero que pienses que soy un insensible por querer que estés devuelta; creo que son las costumbres de escucharte cada día cantando con mi guitarra un buenos días, señor sol, hacia la ventana.

“Canta, canta”, me decías por las mañanas; esa fue siempre la diferencia de tu amor para conmigo: uno muy alegre y único, por eso es que nunca dejé de gritar que con tu amor se fueron mis penas y llegó la felicidad. Así fue.

Mejor no discutamos sobre la definición de ese amor. ¿Pero, en verdad, tenías que ser tan cruel? ¿Tenías que marcharte tan pronto?

Desde hace un año que te fuiste mi mundo se volvió de lágrimas y lluvia, ¿por qué me haces llorar así? Si te falté, he venido a pedirte perdón.

Siempre me pregunto dónde andará aquel amor que yo ya no he visto más. ¿Cuándo volverás a México? ¿En esta Navidad o en esta primavera que viene? Mira qué triste está el palomar, desde que te fuiste se le fue el palomo en puro llorar…

Quiero saber cuándo vuelves o cuándo alcanzarte para regalarte esta rosa roja que sembramos María José y yo, tu más fiel admirador y con la que, te lo pido por favor, que vuelvas, porque yo te quiero mucho; estoy enamorado de ti.

Está bien, cuando quieras, déjame y déjame vivir, pero después de toda una vida a tu lado.

Parece que desde donde estás te escucho decirme “busca un amor”.

¿Será que debo hacerlo? ¿Ir a buscarlo? Pero cómo, si nuestro amor es el más bello del mundo, nuestro amor es lo más grande y profundo y quiero conservarlo así; recordarlo así.

Recuerdo, cuando hace mucho tiempo pensaba en ti, en que esta noche voy a verla y a decirle “de mí enamórate”; claro, la primera vez me dijiste que no y qué chasco me llevé aquel día; no recuerdo bien cuál, sólo sé que fue en marzo, pero seguí intentándolo hasta que me dijiste sí.

Algunos se mofan de mí por recordarte; piensan que soy un inocente pobre amigo suyo que no se ha dado cuenta de que ya no volverás y sí, no vale la pena que se esfuercen en hacerme olvidar tu recuerdo; yo no soy un farsante y pues como a palo dado ni Dios lo quita, aunque estoy muriendo de amor y aunque lloviendo está en mi vida porque ya no estás, no significa esto mi fracaso por ti y si llegara a serlo, aunque te enamores de alguien más y te quieran mucho, entonces sería mi más bello error creer en que un día nos reencontraremos, porque lo nuestro es un amor eterno, uno que es muy fuerte, que trasciende; que no importa si no tengo dinero para que vayamos al Noa-Noa o para caminar y besarnos allá, en la frontera.

Sé que, si Dios me ayuda, una vez más, acabará esta soledad y un día, no sé cuándo, te miraré otra vez; por eso es que yo no te voy a olvidar, porque yo te sigo amando y porque yo no nací para amar a alguien más.

Por ahora, ha llegado la hora de decirnos adiós, te deseo buena suerte; que sea mi condena esperarte hasta cuando decidas volver, lo haré; jamás te llegará mi olvido.

Adiós, amor, te vas; qué no diera yo por volverte a ver. Qué divino amor, el nuestro; Dios te bendiga, mi amor, porque yo no fui yo, hasta que te conocí.

Sigue a NITRO en LinkedIn.


Escrito por:

Nicolás Lucas

Periodista Especializado

Periodista de negocios especializado en telecomunicaciones, infraestructura y radiodifusión, con trayectoria en medios líderes como El Economista, El Financiero, Televisa y Grupo Radio Centro. Graduado por...

Tamaño de texto

Espacio entre líneas

Estilo de letra