Tu televisión te escucha, pero hay un abismo entre oír y espiarte
Los televisores inteligentes pueden detectar comandos de voz y reconocer contenidos, pero ambas tecnologías funcionan de manera distinta. El debate está en cuándo recopilan información, para qué y bajo qué permisos.
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Publicado •septiembre 24, 2026
Hay titulares que funcionan precisamente porque eliminan los matices. Hace unos días, el canal Gamers Nexus de YouTube dedicó una investigación de más de dos horas a los televisores inteligentes de LG Electronics y la presentó con un título difícil de ignorar: “216,000,000 Spy TVs”.
“Tu televisión te espía” es otro de esos titulares. El video plantea cuestionamientos sobre reconocimiento de voz, recopilación de información, ACR, dispositivos conectados y vulnerabilidades de seguridad.
La investigación genera miedo, conversación, clics y millones de reproducciones.
El problema aparece cuando una frase diseñada para llamar la atención termina sustituyendo una explicación técnica que es bastante más compleja.
La investigación merece ser revisada, como debe ocurrir con cualquier análisis independiente sobre privacidad, pero resulta mucho más discutible el salto entre encontrar tecnologías capaces de procesar información y concluir que tenerlas equivale a que una empresa esté espiando a sus usuarios.
El asunto es que sí, algunos televisores LG escuchan. Pero decirlo así, sin explicar cómo funciona la tecnología, puede sonar mucho más alarmante de lo que realmente implica.
Escuchar una palabra de activación no significa grabarlo todo
En los modelos compatibles con control por voz manos libres, y únicamente cuando el usuario ha activado esa función, el televisor puede mantenerse atento para reconocer una palabra como “Hi, LG”.
Algo parecido ocurre con Alexa, Siri, Google Assistant o prácticamente cualquier dispositivo que responde a una palabra de activación. Para saber que dijiste “Hi, LG”, evidentemente tiene que detectar primero que dijiste “Hi, LG”, pero eso no significa que exista una grabación permanente de todo lo que sucede alrededor.
De acuerdo con la explicación publicada por LG, la detección de esa palabra ocurre localmente dentro del televisor. Mientras no se reconoce la palabra de activación, ese audio no se almacena, no se convierte en texto y no se envía a los servidores de la compañía.
Incluso, en modo de espera, un modelo con la función manos libres activada puede permanecer atento a esa palabra, pero el procesamiento se realiza en el dispositivo y el audio se elimina.
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La situación cambia cuando el usuario dice la palabra de activación o presiona intencionalmente el botón del micrófono del control remoto. En ese momento sí comienza una sesión de reconocimiento de voz y durante esos segundos el televisor procesa audio porque precisamente le estamos pidiendo que nos escuche.
LG explica que, si no detecta a alguien hablando, la sesión termina aproximadamente después de diez segundos y que, incluso cuando existe interacción, su duración máxima ronda los 18 segundos.
Una conversación cercana que coincida con ese momento podría formar parte del resultado del reconocimiento. Terminada la sesión, deja de recopilarse audio y, según la compañía, esos datos tampoco permanecen esperando una conexión futura para ser enviados posteriormente.
Eso es muy diferente a imaginar una televisión grabando permanentemente lo que ocurre en la sala y enviando conversaciones privadas a algún servidor.
ACR no escucha tus conversaciones
Otra parte importante de esta polémica es que se mezclan conceptos que no necesariamente tienen relación entre sí. Reconocimiento de voz y ACR, por ejemplo, son tecnologías distintas.
ACR significa Automatic Content Recognition y sirve para identificar determinado contenido que se está reproduciendo. No necesita escuchar nuestras conversaciones.
LG señala que utiliza una huella digital generada a partir del audio del propio contenido mediante el procesador interno del televisor. No toma fotografías de la pantalla, no graba videos ni almacena grabaciones de voz para hacer esa identificación.
¿Para qué sirve? Entre otras cosas, para conocer tendencias de visualización, generar recomendaciones y, dependiendo de los permisos que haya otorgado el usuario, construir audiencias para publicidad.
Este último punto es relevante, porque detrás de los televisores conectados también existe un negocio y sería absurdo fingir lo contrario.
Detrás del Smart TV también existe un negocio
El televisor dejó hace años de ser únicamente un aparato que alguien compra una vez y se convirtió en una plataforma de contenidos y servicios.
LG cerró 2025 con una base global cercana a 260 millones de dispositivos con webOS, mientras el negocio de la plataforma continuaba creciendo a doble dígito. En 2026, la propia compañía sigue señalando a webOS entre los motores que están impulsando su crecimiento.
La publicidad forma parte de ese modelo, igual que ocurre en una enorme cantidad de servicios digitales que utilizamos todos los días.
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Precisamente por eso la discusión relevante no debería ser si existe tratamiento de datos, porque evidentemente existe, sino qué información se utiliza, para qué se utiliza y cómo puede autorizarlo o denegarlo el usuario.
En los televisores LG, ACR está desactivado de manera predeterminada y requiere que el usuario acepte el acuerdo correspondiente.
Utilizar esa información para publicidad personalizada demanda además un consentimiento adicional. Los permisos pueden retirarse posteriormente y negarse a ellos no impide utilizar funciones básicas como Netflix, televisión abierta, HDMI o las actualizaciones del sistema.
Escuchar, recopilar datos y espiar no son lo mismo
Nada de esto significa que las empresas de tecnología deban recibir un cheque en blanco. Un Smart TV es hoy una computadora conectada a Internet de 55, 65 o muchas más pulgadas que vive en nuestra sala y es el centro de la casa.
Tiene aplicaciones, cuentas, conexiones inalámbricas, micrófonos en algunos modelos y comunicación con otros dispositivos, por lo que exigir transparencia, seguridad y controles sencillos debería ser obligatorio para cualquier fabricante.
Hay además un matiz interesante en el propio planteamiento de Gamers Nexus. En la descripción de su investigación, el canal califica algunas de las prácticas que encontró como equivalentes al espionaje “in our opinions”, es decir, reconoce que se trata también de una interpretación.
Por separado habla de vulnerabilidades que podrían ser explotadas para convertir un televisor en un dispositivo de escucha. Son escenarios diferentes y juntarlos bajo una misma etiqueta cambia considerablemente la percepción de lo que realmente ocurre.
Decir que una televisión ‘escucha’ puede ser técnicamente correcto, pero decir que por escuchar ‘espía’ supone algo muy distinto y no real.
Nuestro teléfono escucha cuando invocamos a un asistente, un automóvil puede hacerlo cuando le pedimos cambiar una canción y una bocina inteligente permanece pendiente de su palabra de activación.
La tecnología se vuelve cada vez más natural precisamente porque dejamos de utilizar botones para cada función y empezamos a hablar con los dispositivos.
El verdadero reto para las empresas es que esa comodidad solamente funciona mientras exista confianza y, para una compañía que quiere convertir millones de pantallas en una plataforma global de entretenimiento, servicios y publicidad, esa confianza probablemente vale tanto como la tecnología que hay detrás de la pantalla.
Por eso, la pregunta no debería ser simplemente si nuestro televisor puede escucharnos, porque sí puede hacerlo.
Lo verdaderamente importante es cuándo lo hace, qué hace con esa información y, sobre todo, quién tiene el control para decidirlo. Hoy LG Electronics ya lo explicó:
Entre escuchar cuando se lo pedimos y espiar sin nuestro conocimiento existe una diferencia enorme.
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