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Nuestro planeta azul y el geoide: Una mirada más precisa de la NASA al campo gravitatorio de la Tierra

La reciente visualización del geoide difundida por la NASA no altera la forma física de la Tierra; representa con precisión matemática la distribución y variaciones del campo gravitatorio mediante tecnología satelital.

Periodista Especializado

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  • Publicado  • 
    julio 27, 2026
Composición Editorial: NITRO
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Lejos de revelar una “nueva forma” del planeta, la reciente visualización difundida por la NASA ofrece una representación científica del campo gravitatorio terrestre.

El modelo, conocido como geoide, ayuda a comprender cómo se distribuye la gravedad en la Tierra y por qué puede ser una herramienta indispensable para la ciencia moderna.

Así, durante los últimos días, una animación compartida por la NASA se convirtió en uno de los contenidos científicos más comentados en redes sociales.

La imagen mostraba a un planeta con una apariencia muy distinta a la esfera azul que todos conocemos:

Una superficie irregular, llena de abultamientos y depresiones, que rápidamente despertó preguntas, teorías y también desinformación. ¿Deveras es así nuestro planeta Tierra?

Algunas publicaciones aseguraban que esa es la “verdadera forma” de la Tierra. Sin embargo, la realidad científica es más bien diferente.

La visualización difundida por la agencia espacial de los Estados Unidos no muestra cómo luce físicamente nuestro planeta, sino un modelo matemático denominado geoide; una representación que permite observar las pequeñas variaciones del campo gravitatorio terrestre y comprender mejor cómo actúa la gravedad alrededor del mundo.

El geoide, un modelo para entender la gravedad

Aunque solemos imaginar la Tierra como una esfera casi perfecta —ligeramente achatada en los polos debido a su rotación y de alguna manera ya aceptado en el imaginario de las personas—, los científicos saben desde hace décadas que describir el planeta requiere distintos modelos, dependiendo del fenómeno que se desea estudiar. En este caso, el geoide.

Se trata de una superficie imaginaria que representa cómo sería el nivel medio del mar si los océanos cubrieran completamente la Tierra y permanecieran en absoluta calma, sin olas, mareas, vientos ni corrientes oceánicas.

Bajo esas condiciones ideales, la única fuerza que determinaría la forma de esa superficie sería la gravedad.

Como la distribución de la masa terrestre no es uniforme y esto debido a la presencia de montañas, cordilleras, océanos, diferentes tipos de roca e incluso materiales ubicados a cientos de kilómetros de profundidad, la intensidad de la gravedad cambia ligeramente de un lugar a otro.

Esas diferencias producen pequeñas elevaciones y depresiones en el geoide que hemos visto.

En otras palabras, el geoide no representa el relieve del planeta, sino que representaría el comportamiento del campo gravitatorio terrestre.

¿Por qué una imagen tan deformada?

Uno de los aspectos que más llamó la atención fue la apariencia exageradamente irregular del modelo. La explicación es sencilla: La NASA amplificó deliberadamente esas variaciones para hacerlas visibles.

Las diferencias reales entre los puntos más altos y más bajos del geoide son relativamente pequeñas a escala planetaria.

Si se representaran con sus dimensiones reales, la figura sería prácticamente indistinguible de una esfera.

Por ello, en la visualización las ondulaciones fueron exageradas aproximadamente 10,000 veces, permitiendo observar con claridad variaciones que de otra forma resultarían imperceptibles para el ojo humano.

Esta técnica de amplificación es común en la divulgación científica y facilita comprender fenómenos que, aunque reales, son extremadamente sutiles.

Un mapa construido durante 15 años

La representación difundida por la NASA es el resultado de uno de los trabajos más precisos realizados hasta ahora para estudiar la gravedad terrestre.

El modelo, denominado GOCO06s, fue elaborado a partir de más de 1,000 millones de observaciones recopiladas durante 15 años por 19 satélites especializados en medir el campo gravitatorio del planeta.

Entre ellos destacan las misiones GRACE (Gravity Recovery and Climate Experiment), desarrolladas por la NASA junto con el Centro Aeroespacial Alemán, y GOCE (Gravity Field and Steady-State Ocean Circulation Explorer), de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Estos satélites fueron capaces de detectar variaciones extremadamente pequeñas en la gravedad terrestre, permitiendo construir uno de los mapas gravitacionales más precisos desarrollados hasta la fecha.

Mucho más que una curiosidad científica

Aunque la visualización despertó nuestra curiosidad por su aspecto poco convencional, el geoide tiene aplicaciones que van mucho más allá de la divulgación.

Los modelos gravitatorios son fundamentales para medir con precisión el nivel medio del mar, desarrollar mapas topográficos, mejorar la navegación por satélite y aumentar la exactitud de los sistemas GPS.

También permiten estudiar el movimiento de los océanos, monitorear el deshielo de los glaciares, analizar las reservas de agua subterránea e incluso comprender mejor procesos internos del planeta relacionados con la dinámica del manto terrestre.

En ingeniería y cartografía, el geoide sirve además como superficie de referencia para calcular elevaciones con gran precisión, una tarea indispensable para la construcción de carreteras, puentes, presas y otras obras de infraestructura.

La Tierra sigue siendo nuestro planeta azul

La difusión de esta visualización también dejó una enseñanza importante: La necesidad de distinguir entre una representación científica y la apariencia física de un objeto.

Desde el espacio, la Tierra continúa observándose prácticamente como una esfera ligeramente achatada en los polos.

La imagen presentada por la NASA no modifica esa realidad, sino que ofrece una manera distinta de observar un fenómeno invisible: La distribución de la gravedad alrededor del planeta. La NASA presenta otra manera para intentar entender a nuestro mundo.

Más que cambiar nuestra idea sobre la forma de la Tierra, el geoide amplía entonces nuestra comprensión sobre cómo funciona.

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En ocasiones, los avances científicos no consisten en descubrir un nuevo planeta, una nueva galaxia o una nueva especie.

También pueden surgir al observar con mayor precisión aquello que siempre ha estado frente a nosotros.

La reciente visualización del geoide recuerda que nuestro planeta aún guarda innumerables detalles por comprender y que, gracias a décadas de investigación, cooperación internacional y tecnología espacial, hoy es posible estudiar la Tierra con un nivel de precisión impensable hace apenas unas décadas.

Lejos de desmentir que vivimos en un “planeta azul”, el modelo presentado por la NASA confirma algo todavía más fascinante: Incluso aquello que parece perfectamente conocido continúa revelando nuevas formas de entender la complejidad de nuestro mundo.

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Escrito por:

Nicolás Lucas

Periodista Especializado

Periodista de negocios forjado en medios líderes como El Economista, El Financiero y Televisa. Graduado por la UNAM, también cuenta con una sólida formación de posgrado...

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