Mover dinero ya no basta: las telcos buscan su próximo negocio financiero
Los pagos inmediatos reducen el valor del giro tradicional y empujan a las telcos latinoamericanas a buscar nuevas oportunidades alrededor del dinero móvil.
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Publicado •octubre 5, 2026
Durante años, enviar dinero a través de una telco —lo que en Paraguay se llama giro —, exigía, en buena parte de América Latina, trasladarse hasta un local, entregar efectivo y pagar una comisión. La persona que recibía el giro debía acudir a otro punto para retirarlo. No hacía falta una cuenta bancaria. Bastaban un teléfono, un documento de identidad y una red de agentes suficientemente extendida.
Las empresas de telecomunicaciones reunían condiciones que pocas instituciones financieras podían igualar: Millones de clientes, presencia comercial, una marca conocida y canales que alcanzaban lugares donde no había sucursales bancarias.
El dinero móvil convirtió esa capilaridad en un negocio y, al mismo tiempo, resolvió una necesidad concreta para personas que permanecían fuera del sistema financiero.
El éxito de aquel modelo dependía de una ausencia: La mayoría de sus usuarios no disponía de otra forma sencilla de enviar dinero.
Esa ausencia comenzó a desaparecer.
Pagos inmediatos cambian las reglas del juego
Hoy una persona puede abrir una cuenta desde el teléfono, incluso sin haber entrado nunca a una sucursal. Esa cuenta puede pertenecer a un banco, una cooperativa, una financiera, una billetera o una empresa emisora de dinero electrónico. Lo importante no es la categoría institucional, sino que le permita recibir, guardar, transferir y utilizar fondos dentro de un sistema conectado con los demás.
Paraguay permite observar con claridad el efecto de esta transformación. Su Sistema de Pagos Instantáneos (SPI) funciona las 24 horas, todos los días, y permite realizar transferencias de hasta ₲10 millones por operación. La legislación dispone que las transferencias de créditos simples sean gratuitas para los usuarios.
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En 2022, el SPI procesó 19.2 millones de operaciones. En 2024 fueron 170.2 millones. Para muchas personas, enviar dinero dejó de requerir un giro y comenzó a parecerse a enviar un mensaje: Se hace desde el teléfono, llega en segundos y no tiene comisión.
Mi lectura es que este cambio debilitó una de las bases económicas del giro tradicional. Millicom no ha dicho públicamente que la expansión de los pagos gratuitos haya provocado su decisión de vender el negocio financiero de Tigo Paraguay.
Lo que sí está documentado es que en enero de 2026 firmó un acuerdo para vender esa operación por un precio base de 10 millones de dólares, más un posible pago variable de 7 millones de dólares. Al 30 de junio de 2026, Millicom todavía describía la operación como sujeta a aprobaciones regulatorias adicionales.
Tigo Money y una revisión que alcanza a la región
El movimiento paraguayo tampoco aparece aislado. Al cierre de 2025, Tigo Money operaba en Paraguay, Guatemala, El Salvador, Bolivia y Honduras y tenía 2.8 millones de usuarios activos. Durante 2026, Tigo Money Guatemala anunció el cierre de sus operaciones para el 30 de junio, y en El Salvador la compañía decidió concentrar el servicio en el pago de facturas.
La secuencia sugiere una revisión regional:
Cuando mover dinero deja de ser escaso y comienza a ofrecerse gratuitamente por otras vías, mantener una operación financiera completa exige una nueva justificación.
La tendencia supera los límites de una empresa. Según el Banco Mundial, los pagos inmediatos en once países de América Latina y el Caribe pasaron de 620 millones de operaciones en 2017 a 79,800 millones en 2024. Ese año representaron el 45% del volumen de pagos digitales y superaron por primera vez a las operaciones con tarjetas. En Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Perú, los pagos inmediatos ya explicaban más del 40% del volumen digital.
Detrás de esas cifras hay un cambio todavía más importante. Los pagos digitales por titular de cuenta aumentaron en la región de un promedio de 154 a 587 operaciones anuales.
El Banco Mundial atribuye el 61% de ese crecimiento a los pagos inmediatos. No solamente existen más cuentas. Las personas están comenzando a utilizarlas.
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Esto no significa que los giros hayan perdido toda utilidad. El efectivo sigue siendo indispensable para una parte importante de la población. Una red de agentes conserva valor donde no existen sucursales, donde la conectividad es limitada o donde los comercios todavía no aceptan pagos digitales. También puede facilitar remesas, depósitos y retiros para quienes aún no participan plenamente del sistema financiero.
El problema empresarial aparece porque esa red física continúa teniendo costos, mientras disminuye la disposición a pagar por la operación digital más sencilla.
Las respuestas de las telcos latinoamericanas muestran que no existe un único camino.
Las telcos buscan nuevos caminos alrededor del dinero
Telecom Argentina desarrolló Personal Pay, que al cierre de 2025 registraba aproximadamente 4.7 millones de usuarios en Argentina y un millón en Paraguay. En enero de 2026, Banco Macro aportó el equivalente a 75 millones de dólares para adquirir el 50% de la sociedad que opera la billetera. La telco no abandonó el negocio: Incorporó a un banco para sumar productos financieros y compartir su desarrollo.
Claro Colombia eligió otra estructura. Su nueva propuesta de Claro Pay se apoyará en dale!, de Grupo Aval, mediante un modelo de Banking as a Service. El grupo financiero aportará las capacidades regulatorias, tecnológicas y transaccionales; Claro contribuirá con su marca, sus canales y su relación comercial. La billetera utilizará Bre-B, el sistema colombiano de pagos inmediatos e interoperables.
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En Perú, BiPay, la billetera de Bitel, decidió avanzar en otro sentido. En septiembre de 2026 recibió de la SBS la autorización para operar como empresa emisora de dinero electrónico. La telco profundiza así su participación en la capa financiera regulada. El caso también ofrece una advertencia sobre la forma de medir estos negocios: A junio de 2026 la billetera superaba los 5.2 millones de usuarios registrados, pero poco más de 355,700 habían realizado al menos un pago o una transferencia durante ese mes.
Brasil agrega otra lección. La alianza entre TIM y C6 Bank ayudó, según afirmó TIM al anunciar su fin en febrero de 2025, a aumentar la fidelización y a digitalizar recargas y pagos de facturas. Sin embargo, terminó en marzo de 2025 después de cuatro procesos arbitrales. Asociarse puede reducir la necesidad de construir un banco, pero no elimina las dificultades para distribuir ingresos, responsabilidades, datos y capacidad de decisión.
Estos casos no muestran una retirada uniforme de las telecomunicaciones del negocio financiero. Muestran una búsqueda.
La pregunta estratégica para la telco, es qué problema puede resolver mejor que los demás participantes del sistema.
¿Dónde estará el próximo negocio de las telcos?
Cuando la transferencia se convierte en una prestación básica, el valor puede desplazarse hacia la cobranza, la aceptación de pagos, el crédito, los seguros, las remesas, la fidelización y la distribución de productos financieros.
También puede aparecer en el negocio principal de la telco: cobrar facturas con menor costo, facilitar recargas y mantener una relación más frecuente con el cliente. Ya hay señales de ese cambio: En El Salvador, Tigo Money concentra su servicio en el cobro de facturas, y Claro Pay combinará transferencias con paquetes prepago y reintegros por pagar facturas.
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Ninguna de esas posibilidades produce ingresos automáticamente. Un millón de descargas no demuestra una oportunidad comercial. Tampoco lo hace el número de cuentas abiertas. Los directorios necesitan conocer cuántas personas utilizan realmente el servicio, cuánto cuesta atraerlas y atenderlas, cuánto permanece después de los incentivos y el fraude, y si la solución reduce la morosidad o mejora la permanencia del cliente.
Para las personas, el beneficio es directo. Pagar menos para enviar dinero significa conservar una parte mayor del ingreso familiar. Una cuenta utilizada regularmente puede abrir acceso al ahorro, al crédito o a otros servicios. Pero la digitalización no debe convertir la exclusión financiera en exclusión tecnológica.
El dinero móvil nació porque millones de personas tenían teléfono, pero no tenían cuenta. Ahora las telcos deben decidir cuál será su lugar cuando esas mismas personas comienzan a tener ambas cosas.
Mover el dinero ya no será suficiente. El próximo negocio estará en lo que la telco consiga resolver alrededor de él.
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