La frontera entre las Big Tech y las telecos se hace menos nítida: Google tiende 3 nuevos cables submarinos
Google anunció los cables Alisios, Canoa y OlaLuz dentro de Americas Connect. El despliegue refuerza su infraestructura de nube y aporta nuevos matices al debate sobre las inversiones en redes digitales.
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Publicado •agosto 11, 2026
La frontera que durante años permitió distinguir con cierta claridad a las empresas de telecomunicaciones de las grandes compañías de Internet comienza a hacerse menos nítida:
Y esto es porque Google anunció tres nuevos cables submarinos para las Américas, una infraestructura que reforzará las conexiones de su nube entre América Latina, Estados Unidos y Europa.
Los sistemas Alisios, Canoa y OlaLuz formarán parte de Americas Connect, una arquitectura que también integrará una nueva ramificación del cable Firmina y las rutas Curie, Nuvem y Sol, de acuerdo con información difundida por el mismo Google.
El anuncio ocurre mientras la industria digital atraviesa una transformación acelerada por la nube y la inteligencia artificial (IA), tecnologías que demandan cada vez más capacidad de cómputo, centros de datos y redes capaces de transportar enormes cantidades de información con baja latencia y mayor resiliencia.
Americas Connect: La estrategia de Google para profundizar su infraestructura propia
Alisios conectará República Dominicana, Panamá y Chile, mientras Canoa enlazará República Dominicana con Bermudas.
OlaLuz establecerá una conexión directa entre República Dominicana y Florida.
Google también construirá una nueva ramificación de Firmina hacia República Dominicana. Este cable fue desarrollado originalmente para conectar América del Norte con América del Sur y su extensión agregará capacidad y una nueva ruta hacia el Caribe.
Redundancia y resiliencia en la red de la nube
La relevancia del proyecto, sin embargo, va más allá de sumar nuevos kilómetros de fibra óptica bajo el océano.
Los nuevos sistemas estarán interconectados con infraestructura existente para crear rutas redundantes entre regiones estratégicas de Google Cloud.
En el Pacífico, la arquitectura conectará Chile y Panamá con la costa oeste de Estados Unidos y con regiones de Google Cloud ubicadas en Chile, Los Ángeles y Las Vegas. En el Caribe y el Atlántico, la infraestructura llegará a Carolina del Sur, Virginia y Madrid.
La lógica detrás de esta arquitectura es sencilla: Cuantos más caminos independientes existan para transportar información, menor será la dependencia de una sola ruta ante interrupciones y mayor la capacidad para mover tráfico entre centros de datos y regiones de nube.
Telecomunicaciones y Big Tech: Un viejo debate con nuevos matices
El despliegue también aporta elementos a una discusión que durante años ha enfrentado a las empresas de telecomunicaciones y las grandes plataformas de Internet respecto de las inversiones necesarias para sostener el crecimiento del ecosistema digital.
Los operadores móviles y fijos han defendido que destinan importantes recursos a espectro, fibra óptica, antenas, redes de acceso y cobertura para llevar los servicios hasta los usuarios, mientras el crecimiento del tráfico generado por las plataformas digitales obliga a incrementar continuamente la capacidad de esas redes.
Desde el otro lado, las grandes compañías de Internet han sostenido que su participación en el financiamiento de la infraestructura digital no termina en aplicaciones, buscadores, redes sociales o contenidos.
Sus inversiones también alcanzan centros de datos, infraestructura de nube, redes troncales y cables submarinos.
El nuevo despliegue de Google no resuelve esa discusión ni permite concluir, por sí mismo, qué industria soporta una mayor proporción de las inversiones necesarias para mantener funcionando Internet.
Sí muestra, en cambio, que la división tradicional de funciones dentro del ecosistema digital es cada vez menos sencilla.
De las plataformas a la infraestructura: La convergencia del ecosistema digital
Una empresa como Google puede operar servicios digitales utilizados por consumidores y empresas, pero simultáneamente desarrollar centros de datos, ofrecer capacidad de nube y construir infraestructura internacional para transportar información entre sus propias regiones y distintos mercados.
Las empresas de telecomunicaciones mantienen, por su parte, una función difícilmente sustituible: Las redes de última milla que conectan físicamente teléfonos, hogares, oficinas, industrias y dispositivos con Internet.
Se trata, por tanto, de inversiones que operan en distintas capas de una misma infraestructura y que se complementan antes que necesariamente sustituirse.
El factor IA: Mayor demanda de capacidad y conectividad
La expansión de la inteligencia artificial puede profundizar todavía más esa interdependencia.
Los modelos de IA requieren grandes cantidades de capacidad computacional concentrada en centros de datos, pero también necesitan redes capaces de transportar información entre esas instalaciones, servicios empresariales y usuarios.
En ese escenario, cables submarinos, centros de datos, redes de fibra, espectro, antenas y regiones de nube comienzan a formar parte de una misma cadena de infraestructura digital.
Una nueva realidad física para la economía digital
Google presentó Americas Connect precisamente bajo una lógica de alcance, confiabilidad y resiliencia.
La compañía sostuvo que los nuevos sistemas permitirán disponer de rutas alternativas y conectar regiones de Google Cloud geográficamente separadas.
Para América Latina, el diseño también aumenta el peso de países como Chile, Panamá y República Dominicana dentro de las rutas internacionales de datos.
El movimiento no termina con el debate sobre cuánto deberían invertir las Big Tech o las empresas de telecomunicaciones, ni elimina las diferencias económicas y regulatorias que existen entre ambos sectores.
Pero sí agrega una realidad física a esa discusión: Mientras aumenta el tráfico de Internet y despega la demanda asociada con la inteligencia artificial, algunas de las mayores compañías tecnológicas del mundo también están colocando fibra óptica en el fondo del océano.
La infraestructura que sostiene la economía digital ya no puede observarse únicamente como una división entre quienes construyen las redes y quienes desarrollan servicios sobre ellas.
Con movimientos como Americas Connect, esa frontera se vuelve cada vez menos nítida.
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