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México y Chile marcan dos caminos para los satélites: Fitch

México y Chile muestran dos caminos para la conectividad satelital directa al celular. Fitch explica por qué esta tecnología todavía no amenaza a Telcel, Claro y otros operadores latinoamericanos.


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    octubre 26, 2026
México y Chile representan dos modelos de conectividad satelital directa al celular. Fitch considera que esta tecnología todavía enfrenta barreras para competir con los operadores móviles tradicionales. Foto: Unsplash.
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La conectividad directa entre satélites y teléfonos celulares todavía está lejos de convertirse en una amenaza comercial y financiera significativa para las compañías de telecomunicaciones de América Latina, pero el desarrollo de servicios independientes de los operadores móviles podría modificar esa perspectiva durante los próximos años.

Fitch Ratings considera que los servicios Direct-to-Cell (D2C) no representarán un riesgo competitivo ni crediticio relevante para las telefónicas de la región durante los próximos dos a tres años, debido a limitaciones tecnológicas, regulatorias y comerciales que todavía impiden sustituir las redes terrestres.

La agencia identificó cinco condiciones que tendrían que cumplirse simultáneamente para que los proveedores satelitales pudieran competir de manera independiente con empresas como Telcel, Claro o Entel.

Estas condiciones incluyen ofrecer llamadas de voz y no solamente mensajería, garantizar velocidades estables cuando numerosos usuarios comparten la capacidad de un satélite, disponer de derechos de espectro en cada país, funcionar con teléfonos existentes y mantener precios accesibles.

De acuerdo con Fitch, actualmente no existe una oferta independiente que reúna todos esos requisitos a la vez.

La conclusión introduce entonces una distinción importante en la discusión sobre el futuro de las telecomunicaciones. Que un satélite pueda conectarse directamente con un celular no significa que pueda sustituir el negocio de un operador móvil.

Cinco barreras impiden que los satélites sustituyan al 4G y 5G

En un análisis, Fitch señaló que los servicios D2C disponibles se concentran en mensajería y aplicaciones que requieren poco ancho de banda.

Las llamadas de voz todavía no alcanzan una escala comparable con las redes terrestres, mientras el desempeño de los servicios de datos continúa por debajo de las capacidades habituales del 4G y 5G.

La capacidad de los satélites, la disponibilidad de espectro, la compatibilidad de los teléfonos y la necesidad de mantener una línea de vista despejada hacia el espacio limitan su utilización.

Estas restricciones son especialmente relevantes en interiores y zonas urbanas densamente pobladas, donde las compañías móviles concentran una parte importante del tráfico y de sus ingresos.

Por ello, Fitch considera que el modelo dominante seguirá siendo la colaboración entre proveedores satelitales y operadores terrestres.

Bajo estos acuerdos, las telefónicas conservan la relación comercial con sus clientes, la facturación, los datos y los derechos de uso del espectro, mientras incorporan capacidad satelital para ampliar la cobertura en localidades remotas.

La conectividad espacial funciona entonces como una extensión de la red móvil y no como un sustituto del operador.

Chile utiliza los satélites para fortalecer a las telefónicas

Fitch identificó en Chile un ejemplo de cómo la conectividad satelital puede beneficiar a un operador móvil sin alterar sustancialmente su estructura comercial.

En ese mercado, un servicio de mensajería D2C comenzó a ofrecerse gratuitamente a los suscriptores de una compañía asociada. Posteriormente se incorporaron aplicaciones de mapas y clima a determinados planes de mayor valor.

La conexión satelital se activa cuando el usuario pierde cobertura terrestre, por lo que funciona como una prestación complementaria y no como una alternativa permanente a la red celular.

Según Fitch, los costos de implementación no han sido significativos y el servicio ha contribuido a la captación de clientes y a la diferenciación comercial.

La agencia considera que este modelo favorece el perfil crediticio de los operadores participantes, aunque su efecto sobre el conjunto de la industria es neutral.

Entel, que cuenta con una calificación BBB- con perspectiva estable, figura entre los operadores latinoamericanos considerados en el análisis.

El caso chileno permite observar que la conectividad satelital puede adquirir valor comercial incluso cuando todavía no genera una fuente independiente de ingresos de gran escala.

Su principal utilidad inmediata puede estar en la retención de usuarios y en la capacidad de ofrecer cobertura donde la infraestructura terrestre no resulta económicamente viable.

México abre un camino distinto para la conectividad satelital

Fitch identificó a México como la principal excepción regional al modelo de colaboración entre operadores móviles y proveedores satelitales.

Desde mayo de 2025, Apple ofrece servicios gratuitos de mensajería satelital en modelos compatibles de iPhone, utilizando capacidad de Globalstar y derechos de espectro satelital autorizados para ese proveedor.

La agencia señaló que no se ha divulgado una asociación con un operador mexicano que aporte espectro móvil terrestre para prestar ese servicio.

Esta diferencia convierte a México en un mercado relevante para evaluar si la conectividad satelital puede desarrollarse sin depender de una telefónica local.

Sin embargo, Fitch considera que el efecto inmediato sobre los operadores establecidos es neutral, porque el servicio es gratuito y está limitado a mensajería.

La excepción mexicana no significa que Globalstar o Apple estén ofreciendo una red móvil sustitutiva de Telcel, AT&T o Movistar. Lo que demuestra es la posibilidad de prestar determinadas funciones satelitales bajo una estructura distinta de la colaboración tradicional.

América Móvil, matriz de Telcel y Claro, mantiene una calificación A- con perspectiva estable, de acuerdo con el comunicado de Fitch.

Para la agencia, la expansión de los servicios satelitales todavía no representa una presión crediticia importante para esa compañía.

El espectro definirá la competencia satelital

El diagnóstico de Fitch coincide con una discusión que ya se desarrolla en distintos mercados sobre la disponibilidad de frecuencias para conectar satélites directamente con teléfonos.

En Brasil, la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) autorizó a Starlink a utilizar espectro de 2 GHz para servicios de conectividad satelital directa, una decisión que abre posibilidades comerciales en el mayor mercado móvil de América Latina.

En Europa, Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom exploran una alianza para acceder a espectro satelital y desarrollar servicios directos a dispositivos.

En Estados Unidos, AT&T, Verizon y T-Mobile también anunciaron una iniciativa conjunta para ampliar la conectividad satelital en zonas donde las redes terrestres no tienen cobertura.

Los tres movimientos muestran que el espectro está convirtiéndose en un activo estratégico tanto para las empresas satelitales como para los operadores tradicionales.

No obstante, disponer de frecuencias autorizadas no equivale automáticamente a contar con una red móvil nacional, capacidad comercial masiva o condiciones para competir con servicios terrestres.

La distinción es central en la evaluación de Fitch. El acceso al espectro constituye una de las cinco condiciones necesarias para una competencia satelital independiente, pero no es suficiente por sí solo.

Tres escenarios para el futuro del negocio móvil

Fitch planteó tres posibles trayectorias para la evolución de los servicios Direct-to-Cell.

La primera, considerada su escenario base, consiste en que los proveedores satelitales vendan capacidad mayorista a operadores locales, que conservarían la relación con los clientes y utilizarían el servicio para complementar su cobertura.

La segunda contempla un modelo híbrido, con infraestructura satelital combinada con despliegues terrestres selectivos. Esta alternativa podría aumentar la presión sobre precios y márgenes, aunque requeriría autorizaciones regulatorias, espectro y nuevas inversiones.

La tercera posibilidad sería una entrada plena al mercado mediante la adquisición de un operador de telecomunicaciones.

Una operación de este tipo permitiría al proveedor satelital combinar cobertura espacial con infraestructura, clientes y servicios terrestres, creando condiciones para competir directamente con las compañías establecidas.

Fitch considera que este último escenario tendría un potencial de disrupción mayor y podría generar presiones operativas y financieras para los operadores existentes.

Se trata de una posibilidad estratégica, no de una adquisición anunciada ni de una predicción de que Starlink comprará una compañía latinoamericana.

La distinción es relevante porque el avance tecnológico de los satélites no elimina las barreras económicas y regulatorias de ingresar a un mercado móvil nacional.

La próxima disputa será por el control del cliente

Para Fitch, las señales más claras de un aumento del riesgo competitivo serían la reproducción del modelo mexicano en otros países y los cambios contractuales que permitan a los proveedores satelitales controlar directamente la facturación, los clientes o sus datos.

También podrían surgir riesgos para las telefónicas que queden excluidas de acuerdos satelitales, enfrenten condiciones desfavorables al renovar contratos o dependan excesivamente de un solo proveedor.

Estas variables desplazan la discusión desde la simple disponibilidad de señal hacia el control económico de la conectividad.

El satélite puede ampliar la cobertura y reducir las zonas sin servicio, pero la competencia cambiaría de naturaleza si las empresas espaciales comenzaran a controlar directamente la relación comercial con millones de usuarios.

La experiencia de Chile sugiere que, en el corto plazo, los satélites pueden reforzar a las telefónicas. México permite examinar una alternativa independiente. Brasil, Europa y Estados Unidos muestran que el espectro y las alianzas están convirtiéndose en parte de una estrategia de largo plazo.

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